Algunas veces las carreras suelen tener condimentos que las hacen especiales como los paisajes, la gente, la animación, los avituallamientos o incluso hasta el propio estado de ánimo y salud de cada corredor pueden modificar la percepción. Pero algunas veces, el clima marca una competición porque en ese punto da igual como tolera cada persona el frio, calor o la lluvia, es igual para todos.

Territorio Tombattossals, fue una de esas carreras en donde todos los condimentos estaban presentes, pero al igual que una receta explosiva, mezclarlos todos puede ser una gran batalla para experimentar y procesar.
La edición 2025 de la Cursa Tombattossals, en homenaje a Kique Monforte, que organiza Running Castellón, con meta y llegada en las pistas de la cuna del atletismo local, Penyeta Roja, fue una edición que todos recordaremos por su dureza climática y técnica.
Eran las 8 de la mañana y el cielo no había dado ninguna señal de que nos daría un respiro de agua. Llovía como si alguien hubiera olvidado cerrar los grifos o las canillas, y cientos de valientes con ese pronóstico, se hicieron presente en la línea de meta.
Un pequeño techado arropaba a los que poco a poco llegaban y empezaban a calentar, mientras a lo lejos se sentía un olor a longanizas y bacon ahumado de Carnes Ventura que preparaba los bocadillos para el final.

Los que corremos en montaña sabemos que las condiciones de la montaña siempre son inciertos, que los terrenos pueden cambiar, y que un sendero puede convertirse en un momento de relax o de sufrimiento, dependiendo de cómo esté el clima y cómo este se vea afectado.
En la Tomba y la mini Tomba, 21 y 11 kilómetros respectivamente, los corredores tuvieron que afilar sus mejores armas, concentrarse al máximo y ser más estrategas que nunca a la hora de salir a la batalla. El por qué es muy simple. La cantidad de agua, el viento y el frío, no sólo afectaban a la incomodidad de los corredores, sino que convirtieron el campo de batalla en un terreno técnico, con piedras resbaladizas, canaletas con barro y sendas simples, en senderos técnicos.
Parece un escenario divertido, y así lo fue para muchos que supieron encontrar el disfrute en la adversidad, pero muchos se vieron atrapados en falta de experiencia técnica tanto a nivel terreno como material técnico.
Por otro lado, nada de esto cambió el ambiente de la carrera tanto al salir como al llegar. Buena música y animación, familias, amigos y clubes alentando y animando a los corredores, y un espacio de bocadillos, cervezas y disfrute que como todo el mundo mencionó, que si el sol se hubiera hecho presente, la gente sin dudas se hubiese quedado todo el domingo como en otras ediciones.

Hablando de cosas técnicas hay que destacar que el circuito está muy bien pensado y la señalización diferenciada por colores en ambas distancias. Un punto muy a favor para la organización que muchas veces se pasa por alto y en condiciones climáticas como las que se vivió, saber hacia donde uno corre todo el tiempo, y tener cintas ubicadas visualmente a pocos metros es de muchísima ayuda.
Otro punto que me gustó muchísimo fue que la llegada, en sentido contrario a la salida tuviera un 200 sobre pista. Esto de alguna manera lo hace olímpico, épico, super deportivo, y te obliga a olvidar el cansancio y cada incomodidad para centrarte sólo en la zancada, en la técnica y llegar aún más feliz a meta.
Gran carrera, sin dudas para repetir. Cerca de la ciudad, sin necesidad de tener que viajar mucho para encontrar distancia, terreno técnico y buena organización.
Me quedo con un gran gusto de haber podido entrenar la incomodidad física y mental, algo que pocas veces tenemos la oportunidad, así como material técnico en condiciones adversas.
También como siempre recalco en las crónicas de carrera, la medalla finisher que en este caso me faltó, es mucho mejor recuerdo que una camiseta. Porque colgar en el medallero el recuerdo de una batalla ganada le da un valor y una percepción de grandeza inigualable.

Aplauso para todos los que estuvieron a pesar de las condiciones en la línea de meta, aplausos para las familias y amigos que estuvieron ahí, pero un más que merecido aplauso para los voluntarios que sin correr pasaron frío y se mojaron tanto en zona de meta como en el recorrido.
Seguimos corriendo…
