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Entreparets: una experiencia para repetir

El pasado domingo para despedir el verano en la provincia de Castellón, se corrió una nueva edición de la Liga Nord que agrupa diferentes pruebas de trail running para fomentar la participación y ayudar a la difusión de las mismas en todo el territorio provincial y nacional.

Entreparets, la protagonista de esta jornada de montañeros, cumplía 25 años y estaban festejando sus bodas de plata, como normalmente se conoce al aniversario de esa cantidad de años.

El municipio de Vilafranca se preparaba para recibir a más de 1200 corredores que dispuestos a pararse en la línea de meta se habían marcado una cita para ponerse a prueba, disfrutar, compartir, mejorar marcas o simplemente vivir una experiencia.

Mi caso abarcaba un abanico de expectativas pero de baja presión por decirlo de alguna manera. Quería ir a correr a un ritmo sostenido, disfrutar de los paisajes que prometían mucho, conocer un nuevo pueblo y cruzar una nueva meta de la mano de mis hijos. La verdad que si uno se propone disfrutar estas carreras son el escenario ideal para llenarse de experiencias.

La aventura comenzó a las 5 am cuando el despertador dijo: «arriba, hay que desayunar y conducir 1:20hs para llegar a Vilafranca». Nunca había estado en ese pueblo y tampoco conocía la ruta. Llegamos rápido y la acreditación fue fácil y mucho más rápida. Hubo tiempo para cambiarse, calentar y empezar a sentir el cosquilleo en el estómago propio del inicio de las carreras.

Hace un tiempo que creo que cuando algo realmente nos importa es cuando los nervios llegan a nuestro cuerpo, así sea que tengamos mil carreras en nuestro palmarés.

El ambiente poco a poco se iba armando y la música iba acompañando a los momentos previos a la largada. La gente aún con cara de sueño, llegaba en silencio, saludaba a compañeros, se sacaba las primeras selfies en la lona principal y los colaboradores como siempre, estaban dispuestos a recibir a los corredores con una sonrisa.

Algo que me pareció un acierto total fue además del típico espacio para masajes de corredores un espacio para los niños. Básicamente una guardería para que si te tocaba ir con tu hijo pudieras dejarlo a cargo de otra persona para que jugara mientras uno corría.

La carrera comenzó puntual, y el subidón de energía, llevó a la mayoría a salir fuerte en los primeros metros de la carrera. Esos primeros metros que tienen algo que sin darme cuenta he naturalizado pero que son un diferencial gigante con otras carreras del mundo. Y eso es básicamente comenzar por las calles del pueblo.

La gente te aplaude, te grita, te anima y tu campo de visión es básicamente hermoso. Personas, arquitectura española, calles, ventanas y balcones. Algunas veces escaleras o bajadas que te van llevando hacia la montaña. Sinceramente ahora que lo pongo en palabras me doy cuenta de lo valioso de esos metros o quilómetros en los que uno corre como si estuviera haciendo turismo local.

Vilafranca está a una hora y media de Castellón pero sus montañas son diferentes. Hay senderos acolchados como me gusta llamarlos. No es todo piedra y eso para correr es fantástico. Mientras corría buscando camisetas de colores a quien tomar como referencia intentaba levantar la cabeza para disfrutar los paisajes. Paisajes que por cierto, acompañados por un día nublado no dejaban de sorprenderme.

Algo que me llamó la atención es que muchos de los senderos de la carrera tenían al costado paredes de piedra. Era como si los corredores tuviéramos muros que nos protegieran del aire. Imagino, quizás erróneamente que el nombre Entreparets proviene de ahí.

La carrera tuvo 2 distancias. Una competitiva de 25k y 930+ de desnivel y una no competitiva de 11k con 330+ de desnivel. Ambas con inicio y fin en el mismo punto: el corazón del pueblo.

Si algo tengo que destacar de esta experiencia es que todo un pueblo esté a merced de la competición. Vi a familias, abuelos, niños y personas de todas las edades en distintos puntos de la carrera y los avituallamientos dando no sólo agua o fruta sino aliento para los corredores, sin contar con los grupos de amigos o familias que estaban participando.

Estas cosas sinceramente las valoro muchísimo porque ponen a los lugares en el corazón de los corredores y corredoras.

Carrera rápida, corredora como suelen decir acá, con segmentos técnicos pero sobretodo con bajadas largas que mataban las piernas. Una carrera que si uno viene del asfalto y tiene fuerza y dominio del trail le beneficiaba por completo.

La corona se la llevó Cristobal Albalat en masculinos y Maria Marco en mujeres que literalmente volaron por un circuito como dije anteriormente rápido pero exigente.

Me llevo un excelente sabor de boca y un gran recuerdo en mi mochila de experiencias de carreras no sólo por todo lo mencionado, sino también porque a nivel personal puede cruzar una vez más una meta con uno de mis hijos, ya que el otro tenía competencia también.

Como punto a mejorar y es algo que recalco siempre en las carreras que he corrido en diferentes puntos del mundo, es la entrega de la medalla finisher. Para los corredores amateur o por lo menos creo que la mayoría, no hay nada que los alegre más que correr por esa medalla final. Da igual si hay camiseta, o si la bolsa del corredor lleva muchas o pocas cosas. La medalla es ese recuerdo vivo que colgamos en nuestro medallero y podemos decir cada tanto: yo corrí «X» carrera.

Sin duda el año que viene estaré en la línea de largada ya con la ventaja de saber qué es lo que deparan los siguientes 25k.

Facu Zelaya

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