Seguir quemándote el culo depende de vos

Seguir quemándote el culo depende de vos

Artefacto francés que se aferró al corazón de los argentinos. Hermano menor del inodoro y compañero inseparable de él. Trono que le da equilibrio a nuestros baños y placer a nuestros traseros, no me malinterpretes. Bidé, Bidét, Bidel o como lo quieras llamar.

Llegó a la Argentina en 1800 por el océano Atlántico de la mano de la burguesía viajera, que al visitar Francia se encontró con el simpático artefacto. Creado para higienizar los genitales masculinos y femeninos después del acto sexual, enamoró al mundo entero con sus otras habilidades.

Cada país le dio su toque modificando el “chorrito”, según el gusto de la población (como la Coca-Cola): caída horizontal fue la elección del sur de Europa, extensible externo o manguerita en Finlandia, otros más prácticos incorporaron un spray a la tabla del inodoro y por supuesto, el chorro vertical o ducha invertida para Argentina, Paraguay y Uruguay.

Si bien llegó a gran parte del mundo, pocos le juraron amor eterno y aquí se encuentra nuestro país. Es que a pesar de que muchos ya se olvidaron de él, en Argentina es una pieza fundamental del hogar, no se concibe un baño sin bidé, lo uses o no. Hay quienes lo aman, otros que tienen encuentros casuales con él y quienes lo usan de cavidad para guardar temporal o permanentemente ropa o productos de higiene.

Lo que se plantea hoy es polémico, para muchos inaceptable, para otros un renacer. La realidad es que en Argentina se usa mal el bidé, nos apropiamos de algo extranjero y lo usamos como nos pinte, ¿qué raro no?. Pero antes de decir el modo correcto, me gustaría hablar del uso que le damos. Nos sentamos del mismo modo que lo hacemos con el inodoro, dándole la espalda a las canillas, las cuáles tienen el control absoluto. Ahora pregunto: ¿Cuántas veces te equivocaste de canilla? ¿Cuántas veces te quemaste el lugar más sensible del cuerpo humano? ¿Cuántas veces tus genitales fueron atacados por un chorro similar a la de una hidrolavadora?.

Ahora te pregunto: Si te pasó tantas veces esto ¿por qué carajo lo seguís usando al revés?. Sí, leíste bien. El bidé se usa mirando las canillas, de forma opuesta al inodoro. Sus curvas fueron creadas para apoyar las piernas en su contorno y regularlo de forma consciente, no como una lotería (en la que siempre perdés). Cada uno de los “chorritos” de agua está destinado para un lugar específico, pero si se sigue usando mal hay uno que iría directamente a tu espalda baja y dudo que lo uses como un hidromasaje.

Ya conoces la verdad, ahora queda en vos si querés o no seguir quemándote el orto.

Saludos cordiales, Mermelada Inc.

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