Historias del Bondi: La graciosa desgraciada

Historias del Bondi: La graciosa desgraciada

Había sido uno de esos días en los que solo querés teletransportarte hasta tu casa desde la facultad. Pero la realidad es que me esperaba un viaje en bondi de 50 minutos. Estaba muy cansada y hacía demasiado calor. Cuando pasó el micro me subí (con cara de pocos amigos) y por suerte divisé un asiento individual vacío. Ese hecho me alivianó un poco el mal humor, pero no fue suficiente para devolverme la sonrisa. En ese momento, no pude evitar escuchar a la señora del asiento de adelante, que estaba prácticamente haciendo pública su conversación telefónica.

Como no estaba de humor para chatear con nadie, desactivé los datos móviles y abrí las notas del celular porque, no sé qué me motivó a escribir lo que estaba escuchando.

– “Vengo del oculista, me dijo que tengo los ojitos secos, por eso tanta alergia.”

– “Nos habían dicho que había una maratón de precios en el Vea y cuando llegamos no había nada… ¡así como fuimos volvimos!”

– “Me dijeron que los fuera a visitar, que iban a estar todos. Fui y no había nadie, estaban sólo los abuelitos, así que tomé mate con ellos.”

– “Bueno entonces le digo esto y se ríe. ¡Pero se lo digo enserio y se me ríe!”

– “El médico me dijo que podía darme un turno el martes o el jueves, entonces le digo que puedo los martes y me dice que sólo le quedaba para el jueves.”

Quizás este día en gran parte desafortunado de esta señora sirvió para que mi día bastante agotador terminara con un viaje eterno a pura risa. Perdón señora sentada en el asiento detrás de mí, no vi tu cara, pero tu voz y malvivencias fueron suficientes para alegrarme el viaje

Te quiero, seas quien seas, y ojalá se te hayan curado los ojitos.

 

Andrea Fragapane

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