Una espina no puede vencer tu determinación

Una espina no puede vencer tu determinación

Esta entrada podría haber sido un hilo de Twitter pero creo que cada plataforma tiene además de una dinámica, una calidez y nivel de penetración, así que nada de creatividad, ni estrategia ni marketing y va un poco de cosas de la vida.

Arrancaba la 4ta semana de pretemporada. Para los que me conocen y siguen, saben que siempre digo que el trail running es como la vida misma. Tiene subidas, bajadas, momentos felices y momentos en que querés abandonar y tirar todo a la mierda.

Llegué a casa temprano, estuve un rato con los chicos y cuando estaba por salir a entrenar se larga a llover. La puta madre dije, no va a haber una semana que pueda hacer los entrenos completos???? Las primeras 3 semanas Mendoza fue un horno y entre el calor, los hijos y el trabajo, había encontrado excusas perfectas para hacer todo a medias. Sí, es la verdad, pero también que hay etapas en la vida en que uno tiene otras prioridades y obligaciones. El 2019 no fue mi mejor año deportivo así que el 2020 estoy tratando de mejorarlo.

Me dije a mí mismo: he corrido ultras en donde por más de 5 horas ha estado lloviendo, ¿qué me hace un entreno de una hora y media con lluvia? ok…es verdad. Vamos Facu! ( me arengaba internamente) Me subí al auto y me fui. Llegué al club, me cambié y salí con una lluviecita que más que molestar era una caricia al alma.

Llegué al cerro El llorón, que está a unos 15 minutos trotando del Parque General San Martín y empecé el entreno. Para no dar mucho detalle, tenía que hacer como 3 cumbres y 6 medias cumbres en diferentes intensidades y por diferentes caminos.

Hago la primera subida y siento que algo me pinchaba en el pie derecho. Me tiro al piso, me saco la media y veo que tenía una espina en la planta del pie. ¿Cómo se metió ahí? no tengo la más pálida idea. Por dentro decía: ¿algo más va a pasar? posta que la vida no quiere que entrene. Me puse la media y me dije: Facu has corrido ampollado kilómetros, es una espina, bloquea el dolor. Ok, vamos! (seguía la arenga) Bajé y molestaba demasiado…

Segunda subida, ya sin remera, entre cagado de calor y mojado, la espina seguía jodiendo. Me vuelvo a tirar al piso, me saco zapa y medias y no me la podía sacar. Digo: Bueno ya fue, vuelvo mañana a las 6 y saco el entreno, (la idiotez que iba a tener si hacía eso no quiero ni imaginarla) pero por otro lado, ya estaba ahí, el fresco de la lluvia era un regalo después de tantos días de calor.

En ese momento me acordé de mi amigo el galleta, un tipo con una determinación de piedra. Terminamos juntos los últimos 20k de una carrera de 70k el año pasado en la Patagonia. ¿Qué diría el Galleta? Dale, seguí. Y ahí fue cuando vi un arbusto de espinas. Corté una, me la metí a la boca para limpiarla un poco y con una espina me saqué la otra. Algo así como un clavo saca a otro clavo.

Sin espina en el pie el entreno fluyó y lo puede terminar con una alegría enorme de haber podido ganarle a la cabeza.

Quería escribir esto, que puede ser una simple anécdota deportiva, para dejar en claro y para recordarme a mí mismo, que muchas veces la vida te pone palos en la rueda o espinas en la zapatilla, pero casi siempre hay formas de solucionarlo. Vivimos pensando en el futuro, en vez de habitar el presente y vivimos no haciendo cosas por consecuencias que podrían pasar, porque nuestros demonios internos nos ganan por goleada.

Así que para cerrar quiero dejar un mensaje para vos que estás leyendo, para mí y para todos: Que nada rompa tu determinación! Ni siquiera lo que salga mal, un fracaso, un dolor, nada…

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